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LA COLOMBIA QUE NOS DEJAN URIBE Y SANTOS

Después de 16 años de los gobiernos de Uribe y Santos nos dejan una Colombia en la pobreza. Y eso que le fue mejor a Santos que a Uribe. En el gobierno de Uribe se redujo la pobreza en el 15% y en el gobierno de Santos se redujo en el 34%. Pero línea de pobreza de $242,000 es falsa, porque aún con ingresos superiores a esta cifra seguirán siendo pobres, un salario mínimo de $781,242, que es la mitad del costo de la canasta básica que se encuentra por encima de los $1'300.000, 54.84% de los colombianos devengando un salario mínimo, el 53% mujeres y el 47% hombres.

Y la Colombia actual que nos dejan: Una corrupción generalizada, una caída del PIB en dólares desde $378 mil millones de dólares en el 2014 a $274 mil millones de dólares en el 2016, una deuda externa superando los $125 mil millones de dólares, un déficit pensional de $38 billones de pesos, el colapso en la salud y la deuda con hospitales y clínicas superando los $7 billones de pesos, un pésimo sistema educativo que tiene a Colombia en los últimos lugares de las pruebas Pisa, una de las justicias más lentas y desordenas del mundo, campesinos empobrecidos fluyendo a las ciudades en busca de la mínima subsistencia, una concentración de las tierras rurales más altas del mundo, 6.8 millones de colombianos en las ciudades viviendo del rebusque, 10% de las familias colombianas, madres solteras, viviendo con $3,750 pesos diarios, un grave deterioro del medio ambiente, un gran aumento de la criminalidad en las ciudades por el auge de las bandas criminales fortalecidas con el reciclaje de las desmovilizaciones, un aumento en el tráfico de drogas por estas bandas.


¿Por qué Sergio Fajardo?

Porque Sergio Fajardo encarna la sociedad del conocimiento de alta velocidad, porque con Sergio Fajardo podemos eliminar la corrupción, la pobreza y la desigualdad.

¡Si no aprendemos de la historia, estamos predestinados a repetirla, pero si no cambiamos el futuro, tendremos que dolorosamente soportarlo!


“Colombia enfrenta una decisión que afectará a sus habitantes y futuras generaciones. O toma la decisión u otros países la tomarán por nosotros. Es la decisión de seguir siendo un país dependiente de la creación de empleos de baja remuneración a través de la construcción, empleos en trabajos repetitivos en las fábricas de chimeneas y campesinos trabajando en un sector agrario lento y empobrecido, un sistema político dependiente de una democracia clientelista y corrupta, o por el contrario, un país con elevados niveles de ingresos, una democracia transparente, sin clientelismo en donde el poder del ciudadano se imponga en todas las instituciones del gobierno y la política y un país jugando un papel importante en la economía global. La fuerza que empuja esta reestructuración es el surgimiento de un nuevo sistema de creación de la riqueza basado en el conocimiento”.

“El futuro de las sociedades no debe ser definido en términos de capitalismo contra socialismo, ni derecha contra izquierda. Estas fueron dicotomías que causaron la división de la comunidad mundial en dos bloques y trajo consigo muchas consecuencias catastróficas. Es necesario encontrar un paradigma que integre todo el poder de la mente y de la acción humana, indistintamente de la tendencia ideológica y política. Este nuevo paradigma es el poder del conocimiento para la creación de la riqueza”

Con las pautas de desarrollo impuestas por las instituciones financieras, se ha demostrado que se necesita urgentemente una profunda reforma financiera.

Muchos de nuestros más serios problemas ambientales, desde la contaminación atmosférica hasta los residuos tóxicos, son subproductos de los antiguos métodos de crear riqueza de las fábricas de chimeneas de la sociedad industrial.

Como lo expresaba Mikhael Gorbachev antes de la Perestroika: “Tenemos mucho de casi todo –tierra, petróleo, gas y otros recursos naturales- y Dios nos ha dotado de talento… pero en nuestro país hemos vivido mucho peor que en otros países industrializados y la diferencia no cesa de ampliarse”.

No es el populismo de Petro ni el de Vargas Lleras regalando casas.


No es regalar el pescado, como lo proponen los populistas, es enseñar a pescar. El sacerdote Argentino Pedro Opeka sacó de la pobreza extrema a 500,000 personas que vivían en casas de cartón en Africa. Su lema, “vamos, remanguémonos la manga de la camisa y vamos a trabajar”. Construyeron casas, escuelas, dispensario, hospitales y crearon pequeñas empresas para que las personas pudieran valerse por ellas mismas. El sacerdote piensa que los planes de asistencia social son lo peor que le pueden hacer a un pobre, porque los convierte en inútiles y les impide salir de la marginalidad. Regalar tampoco es bueno, porque regalar casas, por ejemplo, les quita el coraje, les quita la dignidad como seres humanos.

Tampoco, las posiciones oligárquicas, guerreristas y retrógradas de la derecha de Duque y Vargas Lleras:

Su propuesta es que la guerra se termina con guerra. No entienden que la violencia genera más violencia. Los partidos de derecha o centro derecha tienen en los terratenientes sus aliados políticos y son quienes les financian sus campañas. Muchos de estos terratenientes llegan al congreso. Los gobiernos de derecha y centro derecha les devuelven los favores a los terratenientes con leyes que favorecen las compras de tierras a los campesinos como agro ingreso seguro o para que los inversionistas internacionales exploten los recursos energéticos y mineros del país. Los campesinos sin tierras o se vuelven aparceros de los terratenientes en condiciones deplorables o se desplazan a las ciudades aumentando los cinturones de miseria y la inseguridad. Muchos terratenientes terminan aliados con el paramilitarismo. Los datos sobre tenencia de la tierra reflejan esa situación tan extrema: el índice GINI de concentración de las tierras en Colombia del 0.87 es uno de los más altos del mundo. Mientras el 86,3% de los propietarios tienen el 8,8% de la superficie con propiedades de menos de 20 hectáreas, el 0,4% de los propietarios tienen el 62,6% de la superficie con propiedades de más de 500 hectáreas.

“Si Colombia desea realmente promover la democracia, el desarrollo sostenible y la verdadera paz, debemos enfrentar la monstruosa irresponsabilidad del gasto militar. La guerra y su preparación son los mayores obstáculos para el progreso humano, favoreciendo el círculo vicioso entre la carrera armamentista y la pobreza… La seguridad va unida a la justicia económica: la verdadera seguridad debería unirse a la lucha contra el hambre y la enfermedad”.

Para recobrar la viabilidad del país, se requiere de profundas reformas. La principal reforma es la del congreso de la república, seguido con reformas para la eliminación de la burocracia y subsidios ineficientes, reforma del gasto público, reforma a las regalías, control real de la corrupción, reforma electoral, reforma pensional, reforma a la educación, reforma a la salud, cambio en la estrategia militar, modificaciones en la seguridad nacional, nuevas estrategias en las relaciones internacionales y nuevas políticas productivas para la eliminación de la pobreza y la desigualdad.

El reto para el próximo presidente de Colombia es enfrentarse a esta serie de reformas que desafían el “statu quo”. Y ni Duque ni Vargas Lleras las van a enfrentar porque ellos también pertenecen al "statu quo". Y las reformas de Petro son demasiado populistas, lo que llevaría al país a graves problemas financieros y a un empobrecimiento general de la población.

James A. Robinson, profesor de la Universidad de Chicago, “La Miseria en Colombia”, afirma: “La mayor parte de la historia de Colombia, la constante ha sido la pobreza absoluta, combinada con la violencia e inseguridad y que su persistencia se debe fundamentalmente a las facetas extractivas de las instituciones políticas, que las poderosas fuerzas que han mantenido a Colombia pobre y violenta se mantienen y se reproducen por sí mismas”.

En el informe sobre “La Gobernanza y las Leyes” del banco Mundial, se reconoce que las políticas “adecuadas” suelen ser difíciles de introducir y aplicar, dado que en algunos casos “los grupos de la sociedad que se benefician del ‘statu quo’ son suficientemente poderosos como para resistir las reformas necesarias para cambiar el equilibrio existente”.


Como lo afirma Huntington Lambert, Decano de la Escuela de Extensión de Harvard “Hay dos billones de adultos en el mundo que necesitan más educación para participar en la economía del conocimiento. Mi sentido más profundo es nuestra convicción de ayudar a liderar el cambio que permita obtener el aprendizaje en sus términos. Si la próxima generación va a resolver los problemas creados por esta generación, va a tomar un esfuerzo increíble”.


 
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